Tomás de Aquino y Homosexualidad

CINCO DOMINICOS RESPONDEN A ADRIANO OLIVA

¿ La tendencia del futuro es un tomismo simpatizante del estilo de vida gay?  Es la fase sucesiva de un tipo de teología docta y sofisticada? Tal es la impresión que da el erudito medievalista Adriano Oliva en su nuevo libro Amours (Cerf, 2015), publicado en francés e italiano. El trabajo se dirige a un público amplio. Entre otras cosas, el dominico italiano hace una llamada por una revolución en la práctica pastoral de la Iglesia entre los divorciados y vueltos a casar civilmente, como también entre los homosexuales sexualmente activos. Muchas de las afirmaciones de Oliva pretenden echar sus raíces en una nueva interpretación de Santo Tomás de Aquino. El libro ha ya causado un escándalo considerable. A continuación, cinco dominicos (tres del Angelicum de Roma y dos de la Casa Dominicana de Estudios en Washington, DC), responden a la mala interpretación que Oliva hace del Doctor Angélico.

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Tomaremos en consideración las cuatro principales interpretaciones erróneas y abusos que el autor hace del Aquinate. Comenzamos con el enfoque que Oliva da al matrimonio, que conduce directamente a su versión de lo que un crítico ha llamado “tomismo gay.” Todas las referencias serán tomadas de la edición francesa.

Primera lectura errónea: La separación del vínculo matrimonial del bien de la prole

Oliva separa las dos partes esenciales del matrimonio que el Aquinate retiene firmemente juntas. El Santo señala que el matrimonio se produce mediante el consentimiento de la pareja durante la ceremonia de la boda. Para el Aquinate el vínculo del matrimonio tiene un propósito doble: 1) la procreación y la crianza de los niños, y 2) el crecimiento de la pareja en el amor y el apoyo mutuo a través de su vida en común. Sin embargo, Oliva afirma que para el Aquinate el bien de la procreación no es parte de la “esencia del matrimonio” (Amours, 20). Como demuestra la conclusión del libro, Oliva sostiene que el Santo de Aquino nos puede ayudar a pensar el matrimonio en completa abstracción de la procreación y el bien de la prole. Oliva afirma: “para la pareja heterosexual, cada persona está llamada -él o ella- a trascender en el amor al otro, y esto no a través de la apertura a la procreación, que no es parte de la esencia del matrimonio, sino a través del amor indisoluble del propio cónyuge…” (Amours, 113).

La reflección de Oliva nos aleja del verdadero pensamiento de Tomás de Aquino. El Doctor Angélico insiste en que “el bien de la prole es el fin principal del matrimonio” (Comentario a las Sentencias, libro 4, distinción 33, cuestión 1, artículo 2, corpo). En ninguna parte el Aquinate dice que el bien de la prole es facultativo para el matrimonio. El Aquinate une el amor mutuo de la pareja y su cuidado de la prole. Oliva lo separa.

Segunda lectura errónea: La Iglesia puede formalmente permitir algunos actos sexuales fuera del matrimonio.

Oliva insiste en la separación del matrimonio de su relación a la prole. Como era de esperar, las consecuencias pastorales de esta afirmación son de largo alcance. Él afirma que los Concilios de Trento y del Vaticano II continúan la enseñanza del Aquinate sobre el matrimonio (es decir, el Santo Tomás leído por Oliva) y concluye que, dado que “la unión sexual no es parte de la esencia del matrimonio, como enseña el Catecismo del Concilio de Trento y de el Vaticano II, se sigue que el ejercicio del acto sexual entre parejas divorciadas y vueltas a casar [civilmente] no daña el vínculo sacramental existente. “Por lo tanto, la Iglesia puede usar el poder de las llaves para dispensar estas parejas de la obligación de vivir la continencia perfecta (Amours, 128).

Una sorprendente afirmación de Oliva que no tiene nada que ver con el Aquinate, el Catecismo de Trento o el Vaticano II, más bien se deduce directamente de su mala interpretación del Santo de Aquino sobre el matrimonio y su mala lectura se repite en el abuso de varios textos magisteriales. Él hace incluso un llamamiento a la encíclica de Pablo VI Humanae Vitae (párrafos 8-10) para argumentar que el ejercicio de la sexualidad de una pareja legítimamente casada se separa de la necesidad de procrear (Amours, 49). En otras palabras, el Papa Pablo VI enseña que el sexo no tiene por qué tener nada que ver con la prole. Encontramos que esta afirmación es simplemente escandalosa. El ensayo de un estudiante que llegase a tal conclusión merecería sin más una reprobación en cualquier facultad de teología que se precie.

Tercera lectura errónea: Los divorciados y las parejas vueltas a casar no pecan cuando fallan en la continencia

Oliva apela a una doctrina moral clásica iniciada por Tomás de Aquino y muchos otros teólogos santos, es decir, las circunstancias que afectan a la culpabilidad de un acto pecaminoso. Oliva se pregunta si las parejas divorciadas y vueltas a casar que se comprometen a una vida de continencia son culpables de pecado cuando caen.  La respuesta es muy sencilla: no en todos los casos. En general, él piensa que tales parejas cometen o un pecado venial, o incluso no cometen ninguno. (Amours, 71)

Es obvio que el tema en cuestión se refiere a una materia grave, a saber, la participación en el acto conyugal con una persona que no es el propio cónyuge. Oliva no explica por qué las circunstancias eliminan la culpa en tales casos. Parece que se anima al lector a hacer un acto de fe en el autor, ya que no se dan argumentos claros. Esta propuesta hace evidente que cualquier esfuerzo para promover la continencia entre los divorciados vueltos civilmenteó a casar sea inútil. El trabajo de Oliva es pastoralmente irresponsable.

Cuarta lectura errónea: Los actos homosexuales pueden ser naturales y saludables.

La afirmación más atrevida de la tesis “tomista” de Oliva es la siguiente: el coito homosexual puede ser éticamente bueno. Todo su argumento básicamente se apoya en la separación del matrimonio de su relación a los hijos (visto más arriba) y en una mala interpretación de un único texto de la Summa Theologiae de el Aquinate,.

El pasaje en cuestión (I-II, cuestión 31, artículo 7) considera el placer desde una perspectiva metafísica. Santo Tomás encara la cuestión porque quiere explicar cómo alguien puede encontrar placer en algo que, hablando con propiedad, es contrario a la naturaleza de la persona. Él explica que algunos deleites están especialmente vinculados al cuerpo: alimentación, sueño, etc. Estas cosas son buenas para todos los animales, y no sólo para los seres humanos. Otros deleites encuentran su origen en el alma, es decir, que no se encuentran entre la mayoría de los animales, o incluso entre ninguno, excepto nosotros. Mas puede suceder que lo que no es natural para los seres humanos en general pueda llegar a ser algo “natural” para ciertos individuos, debido a que su naturaleza ha sido alterada, como algunos enfermos que disfrutan comiendo tierra. Esto no es realmente natural para ellos, explica el Santo de Aquino, pero se entiende más bien como una corrupción de su naturaleza. Lo que no es natural para muchos (el comer tierra) se convierte en “natural” para ellos, pero sólo atendiendo a una situación de naturaleza corrupta.

A continuación el Aquinate dice que, debido a las malas “costumbres” o hábitos, algunos hombres encuentran placer en comer seres humanos, o en la unión sexual con animales u otros hombres (coitu bestiarum aut masculorum). Así que para algunas personas, el canibalismo, la zoofilia, o las relaciones homosexuales pueden llegar a ser placenteros, como si fueran naturales, porque los actos pecaminosos distorsionan su naturaleza.

Oliva celebra este texto pensando que ésto demuestra que los actos homosexuales son naturales para las personas homosexuales. ¡Y lo que es natural debe ser bueno! Además, según Oliva, el Aquinate sitúa el origen de la inclinación por el sexo gay en el alma de la persona homosexual, es decir, que tal inclinación proviene de lo más íntimo de su ser e la mueve hasta la unión sexual. Oliva concluye que podemos distinguir entre el sexo gay, buscado simplemente por el placer físico, y el sexo gay tierno, que deriva de lo más íntimo de la persona homosexual (Amours, 84-86, 105). De hecho, las personas homosexuales están llamadas a vivir la inclinación que les es natural, en la fidelidad a la otra persona del mismo sexo, y a disfrutar de los actos sexuales no principalmente por el placer, sino como expresiones de amor. La Iglesia debe bendecir este tipo de uniones (Amours, 109-110, 114).

Ahora bien, si Santo Tomás, como propone Oliva, entendiera que la inclinación homosexual proviene de lo más íntimo del alma de la persona, entonces la misma lectura debería aplicarse a la mención que hace el Aquinate del canibalismo y la bestialismo. Sin embargo, es evidente que es un absurdo decir que los caníbales y los entregados al bestialismo están siguiendo las inclinaciones de su yo más íntimo.  Ésta es precisamente la razón por la que el Aquinate menciona la costumbre. Santo Tomás sostiene que muchos de los animales no practican los tres vicios mencionados. La afirmación de Oliva, de que para Santo Tomás algunas personas nacen con un alma homosexual, es una interpretación del texto escandalosa. Esto significaría que, según Santo Tomás, unos nacen con almas caníbales, y otros con almas orientadas a practicar el bestialismo.

Aquí no queremos que nuestros lectores comprendan mal lo que estamos diciendo. Todos los seres humanos, independientemente de sus inclinaciones sexuales o la “orientación”, tienen una dignidad intrínseca, son amados por Dios, se les ofrece la misericordia y la gracia de Dios, y pueden llevar una vida santa. (Mencionamos el canibalismo, la bestialidad, y los actos homosexuales, conexos entre sí, sólo por el modo de argumentar de Oliva. Tampoco afirmamos que estos tres temas sean moralmente equivalentes, ni que el Aquinate piense que se trate de diferentes especies morales. Pero Santo Tomás los unifica aquí para mostrar que cada caso es contrario a la naturaleza y a veces todavía es buscado por ciertos individuos. El tema en cuestión es estrictamente la evaluación moral de las acciones homosexuales. Al contrario, “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante el dominio de sí mismos, que educa la libertad interior, y a veces, mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2359)

Conclusión

En general, nos encontramos con que Oliva hace una lectura del Aquinate, no sólo inaceptable sino irresponsable. No se respetan los principios básicos de interpretación de los textos. Además, el género popular del libro tiene el potencial de crear mayor confusión entre los fieles católicos. Por esta razón, sentimos una fuerte obligación moral de responder a las afirmaciones de Oliva.

 

Padre Bernhard Blankenhorn, O.P.
Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Angelicum), Roma

Sor Catalina Joseph Droste, O.P.
Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Angelicum), Roma

Padre Efrem Jindráček, O.P.
Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Angelicum), Roma

Padre Dominic Legge, O.P.
Pontificia Facultad de la Inmaculada Concepción
(Casa Dominicana de Estudios), Washington, DC

Padre Thomas Joseph White, O.P.
Pontificia Facultad de la Inmaculada Concepción
(Casa Dominicana de Estudios), Washington, DC

 

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